Entre pecho y espalda, el miedo se hace coraje. Llegó el paro nacional.

Hoy, 21 de noviembre de 2019, luego de varias semanas de construir comunidad, de difundir argumentos, de enfrentar la estigmatización, señalamiento y amenazas, Colombia se encuentra con el amanecer de un jueves que quedará marcado en la historia.

La campaña sucia contra la movilización, los allanamientos de los últimos días, la cantidad desmedida de publicidad pagada por el gobierno y su partido, reflejan un afán por tapar la verdad de un país que sale a marchar tras haber entendido que la historia cada vez nos exige posturas más firmes para el cambio que queremos lograr.

Qué cambio?

Nos hemos dejado transformar en seres humanos del día a día y con la ligereza de ese concepto, fueron quitándonos el futuro, lo leí hace poco en un cartel de una foto en Chile : “Se metieron con la generación equivocada, no tenemos nada que perder : ni salud, ni educación, ni trabajo, ni pensión, ni vivienda, ni futuro, nos quitan todo y con ello el miedo”

Este gobierno es sólo la cabeza de un monstruo gigante que viene creciendo a través de la historia de Colombia, somos una nación construida en base a la violencia, el odio y la desigualdad. No sé que tanto podamos llegar todos a tener una perspectiva amplia de la historia, sin embargo, si logramos visualizarla como un relato lineal, la realidad es sólo una: seguimos siendo dominados por la misma clase política, vivimos en un colonialismo de cadenas hereditarias de poder, que por años ha utilizado a su favor el estado para protegerse, para enriquecerse y para perpetuarse.

En ese orden de ideas, hoy salimos una vez más, con la ansiedad propia de la incertidumbre. Mi mente visualiza un paro como ningún otro, también represión como nunca antes. Aún así, el silencio de esta madrugada, resulta similar a la tensión propia del teatro o el cine, la tragedia narrativa siempre hace una pausa, espera paciente, se siembra entre pecho y espalda, un vacío que espera, que te hace sentir el corazón en la mano, hasta que el desenlace resuelve la trama.

Que florezca la fuerza de un país, que el suelo sienta nuestros pasos y el mundo nuestra voz, porque es justo y legítimo lo que pedimos, ya no estamos en un mundo desconectado, cada vez somos más quienes comprendemos que no sólo el país sino el planeta, deben tomar rumbos diferentes, que nuestra preservación como especie debe retornar a la simplicidad del cuidado mutuo y del territorio que nos fue asignado, donde nuestros gobiernos lo hagan para todos y no solo para sus electores.

Colombianos, Colombianas, no estamos en tiempos donde una nación no deba ser autónoma y siga respondiendo a un orden mundial anticuado, a teorías políticas y económicas creadas en contextos diferentes, incluso a imágenes o líderes cuyas luchas, algunas aunque históricas, fueron respuestas a sociedades y contextos diferentes al que nos enfrentamos ahora. La evolución como país, nos exige hacer un análisis responsable de la actualidad y de cómo el presente responde a un cúmulo de decisiones pasadas mal tomadas.

Para muchos está será la primera vez que salen a la calle a defender sus derechos, algunos mirarán escépticos o preparados al morbo del enfrentamiento desde las ventanas de sus casas y oficinas, también habrá quienes vean todo a través de su celular o televisor (con el filtro que aplique la línea editorial del medio que escojan), unos cuantos seguirán inmersos en la decidía y la resignación a la que nos han normalizado, ese idea que nos han instalado de que ellos (la clase dirigente) son los únicos que pueden gobernar, que los necesitamos y que sólo ellos saben como dirigir un país. Todos recordaremos esta fecha.

Los primeros rayos de luz golpean la capital, desde donde escribo, los “pollos cafés” ya cantan en los pocos árboles que nos han dejado, el aire frío de la madrugada bogotana llena mis pulmones, haciéndome consciente que entre pecho y espalda, el miedo con el que me acosté ya se hizo coraje.

Nos vemos en la calle!

No estamos ciegos, todos sabemos donde mirar, solo es justicia social, lo que queremos para poder vivir normal (en paz)” La Mojiganga (Medellín, Colombia)

Publicado por andr3s60

[89]. Creador de contenido.

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: