31.

Cada año que pasa me desapego más de la idea del “cumpleaños”, al parecer de hecho me desapego un poco de mi propia existencia, es un sentimiento que ya puedo reconocer viene desde la infancia, un constante cuestionamiento profundo del por qué de las cosas y del deseo de entender algo inentendible, que logra que me distancie de mí mismo y me disuelva “en la nada”. Soy depresivo, con tendencias bipolares y comienzo a ver rasgos de ansiedad más frecuentes. Creo que que algunas las atribuiría un poco a causas generacionales.

Cada vez comprendo menos el mundo, ó tal vez, como algunos han querido desdibujarme irresponsablemente, mi gran “ego” solo me permite ver mi versión de la vida. Si, en efecto pienso en versiones de la vida muy diferentes a las que nos encontramos en este momento, estoy seguro que no por ego (claro que he sido una persona muy marcada por el ego, pero en realidad muy pocos saben lo que eso significa en mi vida y de hecho la batalla incansable por sanar el daño hecho a mí y a otros a través de ello) pero si visualizo un mundo diferente y el paso de los años golpea con la realidad de no poder verlo materializado.

Durante estos 31 años de vida he tratado de construir vínculos reales con la gente, de encajar en los parámetros sociales, familiares, educativos y culturales; de satisfacer la expectativas de otros sobre mí, incluso las que por tanto tiempo yo mismo me forcé a creer que me definían, claramente cansado de ello, cada día renuncio más a esa figura y, aunque solo como una silueta que va tomando forma, comienzo a verme como soy, reconocerme, a vivir conmigo y relacionarme con los demás a través de ello y a través de la verdad. 

He fallado, mucho en realidad y he enfrentado las consecuencias de ello, cada una, como cuando mamá con la frustración de de mi insolencia adolecente solo atinaba a decir: “Los veré sufrir y pagar por lo que hacen”. Pero me niego a vivir con el señalamiento de que quien soy, hace daño a otros, porque no voy a permitir que me desdibujen como persona, ni que me condenen por los errores cometidos, pues aunque no se justifica ninguno, tengo conciencia plena de que muchos han sido resultado de una respuesta defensiva y no ofensiva, aquellos que no, en todo caso, también tengo la claridad de un arrepentimiento sincero y un deseo de sanar a quien herí, aunque ya no pueda.

Me “construí” dramático, explosivo, hiriente, impositivo, valiente, atrevido, “coqueto” (odio un poco esta palabra por el juicio moral que la rodea)  y a la vez, sumiso, pasional, emocional, tímido, cariñoso, entregado, reflexivo, callado. Dos extremos como mis formadores, esos extremos que han dado un desgaste a mi vida que hoy siento, como un alma vieja que no teme a la muerte (de hecho casi con algo de aprecio y ganas de conocerla desde hace tiempo), pero sí al dolor.

Del amor [en su amplitud] “re-aprendo” y “re-defino” mucho al respecto desde hace un tiempo, y aunque no ha sido fácil, sobretodo re-significar un concepto de amor malformado con el dolor, crecí concibiendo el amor como algo que dolía y desapegarse de esa idea no ha sido fácil, hoy sé que he vivido y vivo con “el corazón roto”, con unas heridas muy profundas por aliviar y unas cicatrices resultado de esto, que junto al origen de esa ruptura, han sido cardinales en mi camino. No por ello renuncio y no por ello he dejado de creer en él.

Me afecta la vida de otros y me frustra no poder solucionar la vida de todos, sé que no es mi responsabilidad, no me frustra el verla como una, a pesar de que en algún momento así lo sentí, por mi formación, por las exigencias del mundo que me rodeaba y nos rodea, por ese constante mensaje que nos venden: El viaje del héroe; pero lo que siento, se basa simplemente en ver que al final todos estamos atrapados en este lugar, viviendo una vida que no pedimos, desempeñando roles asignados por una sociedad destruida pero que no destruimos nosotros y que se niega a cambiar, más regidos por el azar y la influencia del poder que por una idea de humanidad como especie.

Un día meditando encontré en mí una imagen recurrente: Yo como una manta gigante, extendiéndome alrededor de todo el planeta abrazándolo, como quien trata de aliviar el dolor en el que todos vivimos. Al parecer es una imagen “linda” y reconozco la sinceridad en ese pensamiento y sentimiento dentro de mí; pero aún lucho muy fuerte con la necesidad de tener que aliviarlo todo, porque se ha vuelto una carga emocional difícil. “Eres luz”, “Tu hijo va a ser un ser de luz”; he sobrevivido un par de veces a la muerte, como una tragedia teatral desde mis primeros años todo parecía ir en mi contra, a veces el cansancio es tanto que no quisiera haber “ganado esas batallas” porque aún siguen generando un peso muy fuerte las miradas de otros con la responsabilidad implícita diciendo al unísono: “APROVECHA LA OPORTUNIDAD QUE SE TE HA DADO”, es ese sentimiento horrible como cuando personas que han querido tener hijos y no pueden, ó han tenido pérdidas, ó aman la idea de la paternidad, clavan su juicio con ínfulas de sabiduría “generacional” a mi decisión de no querer hijos. ¿Cómo tener hijos si al día de hoy soy más consciente de que el peso de mi propia existencia muchas veces es agobiante? Creo que será suficiente si piloteo mi vida hasta el final del viaje.

También ha pasado con otros proyectos de vida. Esa mirada y esa pregunta lastímera que juzga mi condición, ese tono de nostalgia que siembra más incertidumbre, ese rumor de superioridad moral con el que el mundo cree tener derecho sobre la vida de un individuo, he visto y sentido el peso de otros por los caminos que he decidido recorrer, pero dentro de todo este sentimiento que me acoge, no perderé la claridad de que ésta es mi vida y me pertenece únicamente a mí. Si decido montar una sandwichería, si decido hacer videos porno, si deseo tatuarme todo el cuerpo, amar a quien sea, tener sexo con quien yo decida, fumar hierba, explorar mi interior y vivir por un rato el mundo a través de una consciencia aumentada y estimulada, si decido no volver a trabajar nunca para alguien más, si decido no buscar desesperadamente un empleo, si no soporto la autoridad de personas que no la proyectan y no la han ganado, si quiero emprender con ideas descabelladas, si me aburre la hipocresía familiar y la falsa superioridad con que trata de imponerse el cariño como una obligación, si parezco frío por momentos, si parezco completamente desapegado en otros, si deseo correr, gritar, vivir o incluso morir, es únicamente mi vida y aquí el único con derecho a decidir el como recorrerla, soy yo.

Sigo existiendo de un día a la vez, y la verdad tampoco lo voy a hacer con la mediocridad de quien espera morir, ya lo he hecho antes, ya lo he intentado antes y viendo que en todo caso no pasa y el miedo al dolor físico se sembró en mí como un seguro, pues seguiré tratando de recorrer y construir el mejor sendero posible, a algún lado tendrá que llegar el camino y en algún momento no será más.

Hoy para mí, es un día más, el tiempo hasta ahora, aunque relativo, sigue avanzando en una sola “dirección”. Un día más de vida, un día menos de vida, que importa, estaré allí dentro de mí como durante estos 31 años: coexistiendo, creando (o eso trato). 

Publicado por andr3s60

[89]. Creador de contenido.

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