31.

Cada año que pasa me desapego más de la idea del “cumpleaños”, al parecer de hecho me desapego un poco de mi propia existencia, es un sentimiento que ya puedo reconocer viene desde la infancia, un constante cuestionamiento profundo del por qué de las cosas y del deseo de entender algo inentendible, que logra que me distancie de mí mismo y me disuelva “en la nada”. Soy depresivo, con tendencias bipolares y comienzo a ver rasgos de ansiedad más frecuentes. Creo que que algunas las atribuiría un poco a causas generacionales.

Cada vez comprendo menos el mundo, ó tal vez, como algunos han querido desdibujarme irresponsablemente, mi gran “ego” solo me permite ver mi versión de la vida. Si, en efecto pienso en versiones de la vida muy diferentes a las que nos encontramos en este momento, estoy seguro que no por ego (claro que he sido una persona muy marcada por el ego, pero en realidad muy pocos saben lo que eso significa en mi vida y de hecho la batalla incansable por sanar el daño hecho a mí y a otros a través de ello) pero si visualizo un mundo diferente y el paso de los años golpea con la realidad de no poder verlo materializado.

Durante estos 31 años de vida he tratado de construir vínculos reales con la gente, de encajar en los parámetros sociales, familiares, educativos y culturales; de satisfacer la expectativas de otros sobre mí, incluso las que por tanto tiempo yo mismo me forcé a creer que me definían, claramente cansado de ello, cada día renuncio más a esa figura y, aunque solo como una silueta que va tomando forma, comienzo a verme como soy, reconocerme, a vivir conmigo y relacionarme con los demás a través de ello y a través de la verdad. 

He fallado, mucho en realidad y he enfrentado las consecuencias de ello, cada una, como cuando mamá con la frustración de de mi insolencia adolecente solo atinaba a decir: “Los veré sufrir y pagar por lo que hacen”. Pero me niego a vivir con el señalamiento de que quien soy, hace daño a otros, porque no voy a permitir que me desdibujen como persona, ni que me condenen por los errores cometidos, pues aunque no se justifica ninguno, tengo conciencia plena de que muchos han sido resultado de una respuesta defensiva y no ofensiva, aquellos que no, en todo caso, también tengo la claridad de un arrepentimiento sincero y un deseo de sanar a quien herí, aunque ya no pueda.

Me “construí” dramático, explosivo, hiriente, impositivo, valiente, atrevido, “coqueto” (odio un poco esta palabra por el juicio moral que la rodea)  y a la vez, sumiso, pasional, emocional, tímido, cariñoso, entregado, reflexivo, callado. Dos extremos como mis formadores, esos extremos que han dado un desgaste a mi vida que hoy siento, como un alma vieja que no teme a la muerte (de hecho casi con algo de aprecio y ganas de conocerla desde hace tiempo), pero sí al dolor.

Del amor [en su amplitud] “re-aprendo” y “re-defino” mucho al respecto desde hace un tiempo, y aunque no ha sido fácil, sobretodo re-significar un concepto de amor malformado con el dolor, crecí concibiendo el amor como algo que dolía y desapegarse de esa idea no ha sido fácil, hoy sé que he vivido y vivo con “el corazón roto”, con unas heridas muy profundas por aliviar y unas cicatrices resultado de esto, que junto al origen de esa ruptura, han sido cardinales en mi camino. No por ello renuncio y no por ello he dejado de creer en él.

Me afecta la vida de otros y me frustra no poder solucionar la vida de todos, sé que no es mi responsabilidad, no me frustra el verla como una, a pesar de que en algún momento así lo sentí, por mi formación, por las exigencias del mundo que me rodeaba y nos rodea, por ese constante mensaje que nos venden: El viaje del héroe; pero lo que siento, se basa simplemente en ver que al final todos estamos atrapados en este lugar, viviendo una vida que no pedimos, desempeñando roles asignados por una sociedad destruida pero que no destruimos nosotros y que se niega a cambiar, más regidos por el azar y la influencia del poder que por una idea de humanidad como especie.

Un día meditando encontré en mí una imagen recurrente: Yo como una manta gigante, extendiéndome alrededor de todo el planeta abrazándolo, como quien trata de aliviar el dolor en el que todos vivimos. Al parecer es una imagen “linda” y reconozco la sinceridad en ese pensamiento y sentimiento dentro de mí; pero aún lucho muy fuerte con la necesidad de tener que aliviarlo todo, porque se ha vuelto una carga emocional difícil. “Eres luz”, “Tu hijo va a ser un ser de luz”; he sobrevivido un par de veces a la muerte, como una tragedia teatral desde mis primeros años todo parecía ir en mi contra, a veces el cansancio es tanto que no quisiera haber “ganado esas batallas” porque aún siguen generando un peso muy fuerte las miradas de otros con la responsabilidad implícita diciendo al unísono: “APROVECHA LA OPORTUNIDAD QUE SE TE HA DADO”, es ese sentimiento horrible como cuando personas que han querido tener hijos y no pueden, ó han tenido pérdidas, ó aman la idea de la paternidad, clavan su juicio con ínfulas de sabiduría “generacional” a mi decisión de no querer hijos. ¿Cómo tener hijos si al día de hoy soy más consciente de que el peso de mi propia existencia muchas veces es agobiante? Creo que será suficiente si piloteo mi vida hasta el final del viaje.

También ha pasado con otros proyectos de vida. Esa mirada y esa pregunta lastímera que juzga mi condición, ese tono de nostalgia que siembra más incertidumbre, ese rumor de superioridad moral con el que el mundo cree tener derecho sobre la vida de un individuo, he visto y sentido el peso de otros por los caminos que he decidido recorrer, pero dentro de todo este sentimiento que me acoge, no perderé la claridad de que ésta es mi vida y me pertenece únicamente a mí. Si decido montar una sandwichería, si decido hacer videos porno, si deseo tatuarme todo el cuerpo, amar a quien sea, tener sexo con quien yo decida, fumar hierba, explorar mi interior y vivir por un rato el mundo a través de una consciencia aumentada y estimulada, si decido no volver a trabajar nunca para alguien más, si decido no buscar desesperadamente un empleo, si no soporto la autoridad de personas que no la proyectan y no la han ganado, si quiero emprender con ideas descabelladas, si me aburre la hipocresía familiar y la falsa superioridad con que trata de imponerse el cariño como una obligación, si parezco frío por momentos, si parezco completamente desapegado en otros, si deseo correr, gritar, vivir o incluso morir, es únicamente mi vida y aquí el único con derecho a decidir el como recorrerla, soy yo.

Sigo existiendo de un día a la vez, y la verdad tampoco lo voy a hacer con la mediocridad de quien espera morir, ya lo he hecho antes, ya lo he intentado antes y viendo que en todo caso no pasa y el miedo al dolor físico se sembró en mí como un seguro, pues seguiré tratando de recorrer y construir el mejor sendero posible, a algún lado tendrá que llegar el camino y en algún momento no será más.

Hoy para mí, es un día más, el tiempo hasta ahora, aunque relativo, sigue avanzando en una sola “dirección”. Un día más de vida, un día menos de vida, que importa, estaré allí dentro de mí como durante estos 31 años: coexistiendo, creando (o eso trato). 

No hay que dar por hecho que el amor está hecho.*

Wyandanch & Padme.

Wyandanch [ˈwaɪənˌdæntʃ] came into our lives on March 7th, I chose him from a group of kittens in a pet shelter (Second chances) just after I connected with his “mask face”, it was a few hours later when I took him out of the cat crate at home, that I discovered his heart shaped mark.

As it was written with the particular irony of my destiny, on May 4th he left us.

He had been deteriorating since Thursday when we took him to the vet also because we’ve noticed that he had lost weight and he peed our bed twice too. Leukemia and the beginning of an anemia episode was the diagnosis and we took him home hoping that the medicines would help him. On Saturday he seemed to improve, between our arms he recovered the pink color of his nose and paws.

His last picture with me, May 3th.

“What do you think Wyandanch represents?, what does he have to teach us?” Daniella asked me. We were at that point where a stimulated neural network connects with everything. Then, like an epiphany, everything came together in an instant in my head: his name, what he had lived until that day, his gaze, his mark, his origin and his current state.

I answered as if I’ve had always known the answer: He came to teach us that love should not be taken for granted*

* Title explanation > “No hay que dar por hecho que el amor está hecho

It’s a word play: the first “hecho” is about “fact” as taking something for granted; the second “hecho” is for the past participle form of the verb “hacer” (To do).

I will continue with my answer, but first I must explain the origin of his name:

Wyandanch is the name of a “village”, let’s say a demographic space designated by this name in New York State, within what is known as Long Island. It has a train station with the same name. On our first trip to NYC with Daniella, “Wyandanch” was the station before our destination, “Deer Park”, from where we got easily to Dix Hills (the place we where staying). Maybe the pronunciation in the alert voice of the train, maybe just something fortuitous on destiny, but one of the big memories of that trip was: “The next station is Wyandanch”.

Continuing then with my epiphanic moment, I also said:

LIRR, Ronkonkoma Service. Foto: @andr3s60

-Its name says everything by itself, Wyandanch represents one stop on the road, a point just before a destination, that place where you have to pass before arriving, his mark also speaks of love (within the symbolism assigned to the heart as iconic expression), from the beginning love was his language.

I cannot stop repeating myself that idea, even this text is a first approach to understand it because just after that night and as if he was certifying the culmination of his work, with a soft sigh and a deep look, Wyandanch left us.

Picture taken just before I took him to vet hospital

He was left behind as we left behind the station, his name and memory will be a point in the past of our history. Witnesses of how that little being came to teach us that love is not just having a heart painted on your back, love is what you give every day, it is the confidence when you look for the other body warm to rest, it is the language in which you communicate that you are happy where you are, it is to bow your head and seek shelter in trust, it is to be able to approach to ask for water, food or a little play time, it is hiding if you are scared and being sad or upset if you have been offended, but without losing the brightness on your eyes to look at the ones you love, it is asking for forgiveness with tenderness and forgiving by looking into the eyes, it is understanding that love is not done by itself, as nothing is, as only through the action life gets its true meaning.

Balance: Daniella Ortiz

We are not only humans because we belong to the hueman specie, we are human when we understand and see each other as iquals; we are not family just for sharing a blood bond, we are family if we manage to connect directly with the with the insight and feeling of others. A couple is not a couple just because of a kiss or walking taking each other hand, or a series of self-imposed rules taken from a framework of apparent human behaviors, it is when you see through the other, when you understand other’s existence and being and you want that person to walk by your side on the road being just authentic to each other. You cannot have a business with just the name and the idea, it is achieved through daily work; you don’t live just cuz you wake up and breathe, you don’t die just by stop doing it.

Today Padme (like us), looks at the empty spaces where this little being scampered or just sat to contemplate us with tenderness, the three of us sigh in unison in the same way that apparently no one could imagine him being a big cat, perhaps as a preamble to his early departure. As when death kisses those around you, the three of us remember, and in the pain and joy of thanking life for those beautiful almost two months we spent with him, we embraced the night huging each other waiting for its compassionate dream to take us to the moment when we were four.

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by A.F.A.C

Tranlation: Daniella Ortiz

No hay que dar por hecho que el amor está hecho.

Wyandanch & Padme.

Wyandanch [ˈwaɪənˌdæntʃ] llegó a nuestras vidas el pasado 7 de marzo, lo escogí de entre un grupo de gatitos de una fundación (second chances) al verlo y conectar con su cara de antifaz, fue unas horas después al sacarlo del guacal en casa, que descubrí su mancha de corazón.

Como escrito con la ironía particular de mi destino, siendo 4 de mayo, se fue.

Venía decayendo desde el jueves que lo llevamos a la veterinaria pues notamos que había bajado de peso y orinó nuestra cama en dos ocasiones. Leucemia y el inicio de un cuadro de anemia fue el diagnóstico y a casa lo trajimos con la esperanza de que las medicinas lo ayudaran. El sábado parecía mejorar, ente nuestros brazos recuperaba el rosado de su nariz y de sus patas.

Esta fue su última foto conmigo el sábado, su nariz rosa nos daba esperanza de mejoría.

– ¿Qué crees que representa Wyandanch? ¿qué vino a enseñarnos?- Me preguntó Daniella, estábamos en ese punto en que una red neuronal estimulada conecta con todo. Entonces, como una epifanía todo se unió en un instante en mi cabeza: su nombre, lo vivido hasta ese día, su mirada, su mancha, su origen y su estado actual.

Respondí como si hubiese sabido la respuesta siempre: -Vino a enseñarnos que no hay que dar por hecho que el amor está hecho.-

Foto mientras se recuperaba de un hongo en su párpado

Continuaré con mi respuesta, pero antes debo explicar el origen de su nombre:

Wyandanch es el nombre de una “aldea”; digamos mejor, un espacio designado con este nombre en el estado de Nueva York, dentro de lo que se conoce como Long Island. Cuenta con una estación de tren con el mismo nombre. En nuestro viaje a NYC con Daniella, era la estación anterior a nuestro destino: Deer Park, de donde llegábamos fácil a Dix Hills pues allí nos estábamos quedando. Tal vez la pronunciación en “la voz” del tren, tal vez simplemente algo fortuito o del destino, pero una de las grandes marcas de ese viaje fue: The next station is Wyandanch.

Continuando con mi epifánico momento, agregué:

LIRR, Ronkonkoma Service. Foto: @andr3s60

-Su nombre lo dice, Wyandanch representa una parada, un punto antes del destino, ese lugar por el que deberás pasar antes de llegar, su mancha también habla de amor (dentro del simbolismo asignado al corazón como expresión icónica del mismo), desde el principio ese fue su lenguaje.-

No he dejado de repetirme esa idea, aún este texto es un primer lugar para acercarme a entenderla, porque posterior a su descubrimiento y como certificando la culminación de su trabajo, con un suspiro suave y una mirada profunda, Wyandanch partió.

Última foto, tomada cuando salí a hospitalizarlo

Quedó atrás como la estación, su nombre y el recuerdo serán un punto pasado en nuestra historia; testigos de como ese ser, vino a enseñarnos que el amor no es solo tener un corazón pintado en el lomo, es lo que das todos los días, es la confianza con la que buscas el calor del otro para descansar, es el lenguaje en el que comunicas que estás feliz donde estás, es agachar la cabeza y buscar resguardo en la confianza, es poder acercarte a pedir agua, comida o un poco de juego, es esconderse si estás asustado y estar triste o molesto si te han ofendido pero sin perder el brillo con el que miras a quien amas, es pedir perdón con ternura y perdonar a los ojos, es entender que el amor no está dicho ni hecho por sí solo, como nada lo está, como solo a través de la acción se concreta el sentido.

Equilibrio. Foto: Daniella Ortiz

No somos humanos por pertenecer a la especie, lo somos cuando logramos entendernos y vernos como tal unos a otros; no se es familia por compartir un lazo de sangre, lo somos si logramos vinculamos de forma directa con el ser y el sentir del otro; no se es pareja con un beso, andar de la mano o una serie de reglas autoimpuestas y sacadas de un marco general de comportamientos aparentes, se es pareja cuando ves a través del otro, cuando entiendes su existencia y su ser, cuando escoges que te acompañe en el camino siendo quien es y haciéndolo parte de lo que eres o construyes; no se tiene un negocio solo con el nombre y la idea, se logra a través del trabajo y de hacerlo día a día; no se vive solo por despertar y respirar; no se muere solo por dejar de hacerlo.

Padme hoy, al igual que nosotros, mira los espacios vacíos donde este pequeño “enano” correteaba o se sentaba a contemplarnos con ternura, los tres suspiramos al unísono de la misma forma que al parecer ninguno pudo imaginarlo siendo grande, tal vez como preambulo a su temprana partida. Como cuando la muerte besa a quienes te rodean, los tres recordamos, y en el dolor y la alegría de agradecerle a la vida por esos hermosos casi dos meses que estuvimos con él, nos abrazamos en la noche para que sea el sueño compasivo, quien por un instante nos lleve al momento en que fuimos cuatro.

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A.F.A.C

Entre pecho y espalda, el miedo se hace coraje. Llegó el paro nacional.

Hoy, 21 de noviembre de 2019, luego de varias semanas de construir comunidad, de difundir argumentos, de enfrentar la estigmatización, señalamiento y amenazas, Colombia se encuentra con el amanecer de un jueves que quedará marcado en la historia.

La campaña sucia contra la movilización, los allanamientos de los últimos días, la cantidad desmedida de publicidad pagada por el gobierno y su partido, reflejan un afán por tapar la verdad de un país que sale a marchar tras haber entendido que la historia cada vez nos exige posturas más firmes para el cambio que queremos lograr.

Qué cambio?

Nos hemos dejado transformar en seres humanos del día a día y con la ligereza de ese concepto, fueron quitándonos el futuro, lo leí hace poco en un cartel de una foto en Chile : “Se metieron con la generación equivocada, no tenemos nada que perder : ni salud, ni educación, ni trabajo, ni pensión, ni vivienda, ni futuro, nos quitan todo y con ello el miedo”

Este gobierno es sólo la cabeza de un monstruo gigante que viene creciendo a través de la historia de Colombia, somos una nación construida en base a la violencia, el odio y la desigualdad. No sé que tanto podamos llegar todos a tener una perspectiva amplia de la historia, sin embargo, si logramos visualizarla como un relato lineal, la realidad es sólo una: seguimos siendo dominados por la misma clase política, vivimos en un colonialismo de cadenas hereditarias de poder, que por años ha utilizado a su favor el estado para protegerse, para enriquecerse y para perpetuarse.

En ese orden de ideas, hoy salimos una vez más, con la ansiedad propia de la incertidumbre. Mi mente visualiza un paro como ningún otro, también represión como nunca antes. Aún así, el silencio de esta madrugada, resulta similar a la tensión propia del teatro o el cine, la tragedia narrativa siempre hace una pausa, espera paciente, se siembra entre pecho y espalda, un vacío que espera, que te hace sentir el corazón en la mano, hasta que el desenlace resuelve la trama.

Que florezca la fuerza de un país, que el suelo sienta nuestros pasos y el mundo nuestra voz, porque es justo y legítimo lo que pedimos, ya no estamos en un mundo desconectado, cada vez somos más quienes comprendemos que no sólo el país sino el planeta, deben tomar rumbos diferentes, que nuestra preservación como especie debe retornar a la simplicidad del cuidado mutuo y del territorio que nos fue asignado, donde nuestros gobiernos lo hagan para todos y no solo para sus electores.

Colombianos, Colombianas, no estamos en tiempos donde una nación no deba ser autónoma y siga respondiendo a un orden mundial anticuado, a teorías políticas y económicas creadas en contextos diferentes, incluso a imágenes o líderes cuyas luchas, algunas aunque históricas, fueron respuestas a sociedades y contextos diferentes al que nos enfrentamos ahora. La evolución como país, nos exige hacer un análisis responsable de la actualidad y de cómo el presente responde a un cúmulo de decisiones pasadas mal tomadas.

Para muchos está será la primera vez que salen a la calle a defender sus derechos, algunos mirarán escépticos o preparados al morbo del enfrentamiento desde las ventanas de sus casas y oficinas, también habrá quienes vean todo a través de su celular o televisor (con el filtro que aplique la línea editorial del medio que escojan), unos cuantos seguirán inmersos en la decidía y la resignación a la que nos han normalizado, ese idea que nos han instalado de que ellos (la clase dirigente) son los únicos que pueden gobernar, que los necesitamos y que sólo ellos saben como dirigir un país. Todos recordaremos esta fecha.

Los primeros rayos de luz golpean la capital, desde donde escribo, los “pollos cafés” ya cantan en los pocos árboles que nos han dejado, el aire frío de la madrugada bogotana llena mis pulmones, haciéndome consciente que entre pecho y espalda, el miedo con el que me acosté ya se hizo coraje.

Nos vemos en la calle!

No estamos ciegos, todos sabemos donde mirar, solo es justicia social, lo que queremos para poder vivir normal (en paz)” La Mojiganga (Medellín, Colombia)

De mi para ti

De mi para ti, escribo de ti, 
mentira sería antónimo de verdad.

Muchas de mis lineas hablan de ti
y de amor se alude quien lee.

Abrí los ojos para poder verme,
¿preguntas? ¿de ti? ¿yo?
Con obviedad,
con vanidad,
de ti y de mi.

Tanto y todo dice: de mi para ti.


Desenredando conflictos

La resolución de conflictos requiere de inteligencia para identificar y enfrentar “el core” del problema.

Crecí en un ambiente de discusiones agobiantes y sobredimensionadas por el drama, es algo que quedó de alguna forma enquistado en el código madre de mi sistema y, como borrego al matadero, he estado involucrado en el mismo tipo de situaciones (dramandy diría una amiga).

En esa constante, he tratado a través del tiempo de “decodificar” comportamientos y otros elementos, pues como persona me resulta fundamental transformar ese “ADN” contaminado que se multiplica sin cuidado y a través de nosotros mismos. El drama me resulta en este momento como la exaltación histriónica de cualquier otro elemento de un conflicto que no sea el componente principal, El core del problema.

El cable de los audífonos

Cuando se enreda el cable de los audífonos en donde sea que los guardemos, pasamos por muchos estados de ánimo tratando de desenredarlos, a algunos la paciencia no les da, los botan, los remplazan, confieso haberlo hecho. Al final no es solo de perseverancia o de un método algorítmico, pues todas las veces se enredan diferente. Por mucho tiempo lo resolvemos de vez en vez, en vez, de pensar desde el principio qué hacer para que no se enreden. “El cable de los audífonos”, es un ejemplo que evidencia la necesidad de solucionar la falla estructural y principal del problema . Veámoslo a diferente escala: Quienes aún usamos audífonos alámbricos, probablemente ya encontramos la forma de guardarlos evitando este problema. También, un día alguien pensó que los audífonos no deberían tener cables, ahora se nos pierden, pero también hay gente creando soluciones para eso.

El core del problema es ese punto o puntos donde se puede crear valor agregado a través del conflicto a resolver.

Ya sea por la irracionalidad de mis emociones, o las del interlocutor de los conflictos más importantes que he tenido que afrontar en mi vida, lo que (me) faltó fue la posibilidad, capacidad y oportunidad de resolver el core de esas situaciones, dejando muchas sin resolver y con la realidad de que se quedaron en la superficie de las emociones, con un desgaste, daño y consecuencias desmedidas y sin ningún valor agregado más que el falso-optimista “descubrí lo que no quiero y no me gusta en la vida” que entre otras cosas ignora la responsabilidad que debemos tener sobre nuestros actos, fundamental también para entender el core de un conflicto.

No quiero posar de renacido ni de puro para decir que mi vida está limpia de drama, que nunca más me tomarán ventaja las emociones o el instinto de protección saque lo peorcito de , sin embargo cuando se descubre algo que genera cambio, la inercia con la que se modifica un comportamiento es inevitable.


-Que no nos tengamos que ver hasta el próximo entierro-

pensé en voz alta y comencé a caminar.

El último recuerdo que tengo de estar junto a Carlos, de verlo a la cara y expresarle con algún gesto* mi cariño por él, es del día de nuestro grado del colegio (2006). El día que murió (Junio 2016**) esa idea no dejaba de rondarme la cabeza, trataba de darle sentido a cómo era posible que aquel fuera mi último recuerdo de alguien con quien, junto a un grupo de amigos, nos marcamos como ganado con un encendedor caliente, prometiendo con ello una eterna amistad.

Carlos Eduardo Victoria
* Lo abrazaba y le pellizcaba las tetillas

Me perdí momentos importantes de la vida de Carlos que hubiera querido compartir, los viví a la distancia, como un espectador en redes o por medio de alguien más que me contara alguna cosa; sé que al final como con el resto, la distancia fue resultado de decisiones individuales, tiempo, planes de vida y cualquier excusa que podamos argumentar.

En abril o mayo de 2016 por una notificación de cercanía en facebook le escribí un mensaje, yo estaba en la casa de mi familia en Puente Roto, una vereda entre La Mesa y San Joaquín en Cundinamarca; recordé que en el colegio Carlos siempre me invitaba a su finca en La Mesa, nunca fui. Carlos respondió y nos pusimos cita en el pueblo el día siguiente. La mala señal de la zona al final fue la razón para no insistir y lograr habernos encontrado, me alegraba en serio la idea de verlo. Al respecto, desencanto mayor fue descubrir entre las palabras de despedida de su primo, que la finca probablemente está ubicada ridículamente cerca de la casa de mi familia.

Días atrás encontré un texto que uno de ellos escribió para el resto de nosotros, la última vez que estuvimos todos juntos, fue en el entierro de Carlos. -Que no nos tengamos que ver hasta el próximo entierro- pensé en voz alta y comencé a caminar, algunos tal vez escucharon, -veámonos en estos días- se dijo en varias conversaciones. Tuvimos una conversación grupal en facebook, donde hablamos menos de una semana sobre planes para encontrarnos que fracasaron, yo al final tampoco puse mucho interés.

No recuerdo cuando, pero la cicatriz de aquella promesa adolescente desapareció de mi brazo por completo. Salvo la casualidad, dudo verlos antes de que otro muerto vuelva a reunirnos.

De derecha a izquierda y de arriba a abajo: Francisco, Rodrigo, Carlos, Juan, Manuel, Sebastián, Yo.

** Tuve que mirar la fecha y no quise aparentar que la sabía, nunca he sido del todo bueno para recordar o grabar fechas, o mas bien mi memoria es selectivamente conveniente para almacenar y distribuir información.

a.k.a

AFAC.

19 de Julio de 1989, Bogotá DC, Colombia. 12:48 horas.

Int. Sala de partos, día

(Voz off) Constanza:
Tenías los ojos azules, azules, azules, azules, como el cielo, pero un azul (pausa)


Con cada -azul- un algo de ese color, luego un gran cielo, ahora diferentes tonos de azul en ese cielo. Todo es negro.

Las pupilas de lo ojos café de Constanza (32) se dilatan, a la vez que las pupilas en los ojos azules de Andrés(0) se retraen ante la intensidad de la luz, parpadea, todo es silencio, vemos toda la sala, la escena es una fotografía que se mueve muy lentamente, impecable, blanca. Un poco de sangre salpica los ojos de Andrés, el movimiento de la manos del médico descubre los cortes y movimientos afanados por desenrollar el cordón umbilical del cuello, Andrés respira, rompe en llanto, se escucha todo, fuerte. El silencio vuelve.

(Voz of) Andrés (30):
Al final (pausa)

Como un epílogo visual, un rápido recorrido de momentos, ideas, lugares, personas, etc: [a word box], cuya imagen varía desde el azul, pasa por los verdes y los ocres; se intercala con los ojos de Andrés (30) que también cambian de tono. Todo se detiene súbitamente en el rostro de Andrés.

Andrés:
… soy más que unos “ojos lindos”.

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